Y tú, ¿vives, sobrevives o pervives?

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Hace unos días Gregory Cajina estuvo en Zaragoza Activa (lo siento, soy fan, no puedo evitarlo) hablando de coaching y vida, y de #rompelazona.  Para una persona como yo que se aproxima de puntillas y con interés al coaching y la PNL me resultó una charla de lo más motivadora, y es que hoy en día, conseguir motivar es todo un reto tal y como estamos socialmente.  Así pues, deciros que salí de allí con una enorme sonrisa y una gran cantidad de ideas.

Y es que en realidad tampoco nos habló de cosas excesivamente trascendentales, ni filosofó profundamente, ni nada por el estilo… Simplemente se limitó a ser cercano y a plantearnos una pregunta clave: ¿para qué hacemos lo que hacemos?  Para una persona que de alguna manera piensa antes de actuar y valora sus pasos a seguir, que te hagan cuestionarte donde vas y porqué, personalmente, me parece un reto  más que atractivo.  Pero sin duda una cosa es más que clara, y es el tener una respuesta coherente a la pregunta de ¿para qué haces lo que haces?

A lo largo de toda la charla Gregory salpicaba todo de una pregunta importantísima.  En el momento que acababa una clave del discurso preguntaba: ¿tiene sentido?  Silencio sepulcral.  Estoy segura que con esa simple cuestión consiguió captar la atención de todos y cada uno de los que estábamos allí. ¿Lo que dice tiene sentido? ¿Me he hecho alguna vez esta pregunta?  En fin, suposiciones varias después, mi conclusión es que la única manera de poder interiorizar algo es respondiendo a la pregunta de si tiene sentido.  Primer gracias por hacer que nos cuestionemos a nosotros mismos.

También comentó otra idea fundamental, que fue la de enamorarnos de nuestro propio proyecto.  Siguiendo con la idea de porqué haces lo que haces, es imprescindible sentir que haces algo que te apasiona de alguna forma, que te aporta, que te llena, que te revierte…  ¿Has visto alguna vez a alguien enamorado de su propio proyecto?  Yo sí, a mucha gente, y he de decir que son ellos los que consiguen abrirse paso.  Dos ejemplos de abrirse paso a través del amor al propio proyecto:  Manuel Zaragoza y EducarParaElCambio.com, y Pilar Romanillos y Garabateando Sonrisas.  Son dos ejemplos de dos personas que tienen claro el fin, que saben qué quieren, que lo transmiten y que se hacen valer comunicando.  Son dos ejemplos de personas enamoradas de sus propios proyectos.

Otra de las ideas clave.  El planteamiento que tienes ante la vida, ¿es el de sobrevivir, el de vivir o el de pervivir?   ¿Qué quieres conseguir con tu existencia? ¿Cuál es tu fin? ¿Para qué sirve tu vida?  Maslow comentaba en su pirámide de las necesidades humanas que para conseguir llegar a los estratos más elevados primero debíamos satisfacer las necesidades más básicas.  Es evidente que para poder pensar hay que comer, es química pura, pero… ¿qué quieres en tu vida? ¿qué te hace feliz? ¿con qué te sientes realizado? ¿para qué estás aquí?  Necesitamos ejecutores pero también pensadores que marquen el camino.  A un nivel personal, debes tener claro si sobrevives (te apañas con cualquier cosa sin cuestionarte nada más), vives (te apañas con aquello que te motiva) o pervives (te apañas con aquello que te llena)?  Sin duda, el nivel de implicación también varía, esto es, no estoy más liberado de responsabilidades o tengo menos tareas a un mayor nivel, sino que a un mayor nivel mejor me siento conmigo mismo y con el entorno.  Al final todos trabajamos para generar algo que revierta en el resto de las personas… ¿para qué haces lo que haces? ¿Para comer? ¿Para que te permita hacer otras cosas? ¿Para tener un fin más amplio?  A veces el buscar eso que nos llena puede significar nuestro punto de inflexión.  Puedes darte la oportunidad, piensa, ¿para qué haces lo que haces? ¿qué te motiva? ¿puedes dedicarte a algo que te llene? ¿Quieres invertir tiempo?  El tiempo es una cuestión fundamental, pero la clave real está en la dicotomía querer-poder.  ¿Quieres o Puedes hacer algo?  La sinceridad de tus respuestas marcarán tu camino…

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