¿La muerte del curriculum vitae?

La verdad es que este ha sido un tema de conversación recurrente en los últimos días y con diferentes personas, así que he decidido lanzarme a hacer un pequeño análisis al respecto de esa gran pregunta: ¿estamos asistiendo a la muerte progresiva del curriculum vitae al uso?

Dentro de este blog, en el menú de Herramientas y más hay un apartado específico sobre el curriculum, en el cual reflejo unas recomendaciones básicas y recojo una serie de páginas web interesantes.  En esas páginas web, si les echáis un ojo, veréis modalidades de curriculum totalmente novedosas.   Antes de analizar unas u otras o hacer cualquier tipo de valoración, creo que es interesante hacer otro tipo de análisis previo: en qué momento estamos y cómo influye a la hora de posicionarnos en el mercado laboral.

Hace unos años, la búsqueda de un empleo se resumía básicamente a lo que ya comenté en una entrada anterior: tener un curriculum más o menos bien hecho, ir a una ETT y esperar a que llamaran.  Evidentemente, cuanto más claro tenía mi objetivo profesional, más complejo era el proceso, pero si yo quería trabajar unos días de reponedor para sacarme un dinero, podía hacerlo sin mucha complicación.  Hoy en día, puedes ir a una ETT, apuntarte y aguardar a que te llamen, sin duda, pero envejecerás (y mucho) esperando.  Actualmente ha cambiado hasta el concepto “buscar trabajo”.  No buscas trabajo, aunque tú creas que sí.  Estás buscando un comprador.  Expliquemos todo esto.

Yo soy una persona que tiene un bagaje profesional, y estas dos cosas son las que se valoran a la hora de seleccionar o no a un candidato/a: la persona y el bagaje.  Puede ser que antes, y sobre todo para según qué puestos de trabajo, esa valoración fuera menos inquisitiva, pues había bastantes ofertas de trabajo y no tanta gente buscando empleo, o que se hiciera hincapié más en la disponibilidad horaria (por poner un ejemplo) o en otros aspectos no tan definitorios a nivel profesional.  No estoy diciendo que se hicieran malos procesos de selección, ojo, si no que la circunstancia de más ofertas y menos desempleados favorecían que las cribas no fueran excesiamente minuciosas.  Ejemplo: si te presentabas a una oferta de peón/a de industria, te pedían disponibilidad de trabajo a turnos, habilidad manual y poco más; si buscabas trabajo de dependiente/a, querían a alguien con habilidades de atención al público, a veces buena imagen, disponibilidad horaria de mañana-tarde y fin de semana y si tenías experiencia o formación mejor que mejor, pero no solía ser requisito imprescindible; si buscabas trabajo de veterinario/a, te pedían la titulación, disponibilidad para viajar o cambio de residencia y algún requisito específico adecuado al puesto concreto de veterinario/a.  Ahora esto no es así.  Para cualquier puesto de los anteriores te van a pedir una titulación (generalmente mínimo la ESO o grado medio) y una experiencia (por lo general mínimo de 1 año en un puesto igual), además de idiomas, carnet de conducir y coche… y además de competencias y capacidades personales en abundancia.

A esto sumaremos el auge considerable de las redes sociales y el avance aplastante de internet y la web 2.0.  Esto se traduce en que yo, persona con un bagaje profesional, tengo además una trayectoria web, conocida por mí o no.  ¿Cuánta gente no tiene facebook, tuenti, mail, twitter?  ¿Cuánta gente controla su facebook, tuenti, mail, twitter?  Las personas estamos metidas en la web 2.0 hasta las trancas y con una felicidad pasmosa: comentamos en foros, colgamos fotos, nos suscribimos a webs, tuiteamos con alegría… y todo eso deja un rastro nuestro en internet que por lo general no controlamos o vigilamos.

Con lo cual tenemos este escenario: actualmente, a la hora de seleccionar candidatos/as para una (¡milagro!) oferta de trabajo, aparte del usual y simple curriculum existe todo un arsenal de información nuestra en la web.  Y os preguntaréis, “vale, ¿y esto qué tiene que ver con el título alarmista de la entrada?”  Pues todo.

Hagamos un ejercicio de empatía y pongámonos en el lugar de un/a seleccionador/a.  Situación:

Yo, seleccionadora de la empresa X tengo que cubrir una oferta de trabajo de 2 dependientes/as para la tienda de deportes de nueva apertura en el centro comercial Y.  Me hago (o me dan, depende) los requisitos para optar al puesto (no perdamos de vista el número de parados registrados, que aunque haya bajado sigue siendo de 4.714.122 personas en mayo de 2012): Ciclo Formativo de Grado Medio de Comercio, formación específica de atención al público, experiencia de 2 años en tienda deportiva, arqueo y cierre de caja, persona dinámica, con clara orientación al cliente, buena presencia y dotes comerciales.

Esta oferta la cuelgo en varias páginas web específicas de empleo y la paso al servicio de empleo de mi Comunidad Autónoma para que me sondeen candidatos/as.  Recibo 250 curriculums en dos días.  ¿Me voy a leer 250 curriculums?  A ver, seamos prácticos: ¿qué me interesa realmente de la persona que contrate? Pues que sea responsable, que tenga experiencia y formación, que sea trabajadora y que se implique con la empresa, que sea autónoma pero no independiente, que sepa trabajar con compañeros/as y de cara al público…  ¿Cuántos de estos datos se ponen en el curriculum vitae de toda la vida? Pues dos: experiencia y formación.  Lo demás, ¿de dónde lo puedo sacar?  Leyendo la carta de presentación y… buscando al/la candidato/a en internet.  Y veo que uno de los primeros curriculums que he visto y me ha gustado, pone en su carta de presentación que es una persona responsable, que trabaja bien en equipo, así que la busco en internet.  Tiene facebook  donde ha colgado las fotos de su último viaje a la playa quedando constancia de las borracheras que se pilló y además me sale un comentario suyo en un foro de opinión explicando que sus antiguos/as compañeros/as de trabajo eran unos/as pelotas, unos/as “pringaos/as” y que acabó muy mal en la empresa por que discutió con el/la encargado/a, etc…

Resumen: Automáticamente descartado/a.

Este ejemplo exagerado sirve para ilustrar dos cosas: que un curriculum vitae al uso no recoge la información necesaria para hacerme idea de si una persona puede o no desempeñar un puesto de trabajo (aunque esté adaptado, aunque me lo haya currado muchísimo…) y que no voy a buscar a 250 candidatos en internet, pero igual a 10 sí.   Así pues, para el ejemplo puesto antes:

Lo que voy a hacer es preseleccionar sólo a aquellos que tengan amplia experiencia como dependientes y una formación mínima de Grado Medio y de esos, los busco por internet.  Probablemente reduzca a ¿75-100 personas?  Práctico es poco, la verdad, pero los buscaré en internet por si acaso…

De ahí que las circunstancias actuales hayan favorecido el nacimiento de nuevos modelos de curriculum en la web 2.0.  Modelos que incluyen la formación y la experiencia y añaden toda suerte de competencias, capacidades, habilidades sociales, recomendaciones, conocimientos concretísimos, donde yo puedo definirme ampliamente de una forma clara y concisa con mis palabras y donde la persona que lo ve puede hacerse una idea más aproximada y real de mi perfil como candidato/a.  O el videocurriculum, ejemplo máximo de herramienta donde yo me vendo (concepto de venderme y no de buscar trabajo señalado al principio) como profesional y la persona que lo ve no sólo se hace idea de lo que sé o de cómo soy, si no que lo está viendo realmente.  Y en cuanto a la reputacion on line, para algunos puestos es mucho más importante lo que hay en la web sobre ti que tu propio curriculum, aunque sea en una plataforma on line, así que no perdamos de vista eso.

Así que tal vez sí estemos asistiendo a la muerte progresiva del curriculum vitae al uso, pero porque se está viendo que su funcionalidad es escasa hoy en día, ya que existen otras herramientas que lo mejoran.  Probablemente la muerte definitiva sea dentro de muchos años, así que mantengamos un buen curriculum por si acaso, pero no olvidemos el mundo 2.0 y sobre todo, cuidemos nuestra imagen en el mismo.

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