La importancia de las competencias

Últimamente me ha dado por pensar sobre la idea generalizada que se tiene sobre el concepto de competencias profesionales.  Lees blogs, artículos, páginas de empleo en general que resaltan su importancia a la hora de buscar trabajo o de desempeñarlo, pero ¿qué significa realmente eso de competencia profesional?

En realidad es una cosa muy sencilla.  Si buscamos competencia en el diccionario de la Real Academia Española encontramos, entre otras, esta acepción: “pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado“.  Si buscamos profesional,  “perteneciente o relativo a la profesión“.  Al unir ambas definiciones nos hacemos una idea bastante clara y sencilla del concepto de competencia profesional: se puede resumir como la capacidad para hacer algo en el ámbito laboral.  Y si lo hacemos un poco más completo, podemos decir que las competencias profesionales son las habilidades, capacidades y actitudes que desarrollo en mi puesto de trabajo, la famosa cuadratura del saber (conocimiento), saber hacer (habilidad), saber ser (actitud) y el olvidado pero importante hacer saber (demostrar que tengo todo lo anterior)  Pero ¿porqué está tan de moda ahora?

Siempre ha sido importante a la hora de buscar trabajo el transmitir que eres un/a buen/a profesional.  Lo que ocurre es que si buscamos trabajo 25 personas puedo resaltar con más o menos facilidad sobre los/as demás candidatos/as, pero si buscamos trabajo 250 es mucho más complicado.  La revolución de las competencias profesionales viene marcada por la situación laboral imperante: hay tanta gente buscando empleo, optando a los mismos puestos a la vez, que tienes que encontrar la forma de sobresalir, de llamar la atención sobre los demás.  Y eso no sólo lo dan los conocimientos o la experiencia que yo tenga.  Lo da el cómo yo me vendo y el cómo transmito eso que yo sé hacer.

Hoy por hoy, las competencias que generalmente más se van a valorar en un candidato/a a un puesto de trabajo son:

1. Proactividad: la mezcla de iniciativa, responsabilidad e implicación en el desarrollo de la actividad, sea la que sea.  Es decir, en el ámbito laboral, ser el motor de mejoras y tomar la iniciativa para poner en valor a la empresa en la que estoy: no solo voy a pensar qué hacer si no que voy a hacerlo.

2. Polivalencia: si me vendo como licenciado/a en derecho a secas no llegaré lejos, si me vendo como profesional del derecho con conocimientos en el ámbito laboral, de RRHH, etc… tendré más opciones. Hoy por hoy, ser polivalente puede ser definitorio a la hora de ser seleccionado/a para un puesto de trabajo.

3. Trabajo en equipo: algo por todos/as conocido, tenemos que ser capaces (de verdad) de saber trabajar codo con codo con otras personas, de dar y recibir y trabajar al unísono.

4. Resolución de problemas: una persona tiene que ser capaz de solventar las dificultades diarias que vayan surgiendo en su puesto de trabajo.

5. Autonomía: en cuanto al desarrollo del puesto laboral, ser capaz de funcionar sin la supervisión constante, pero no desligado del resto del equipo.

6. Implicación: por ejemplo, si soy comercial y tengo como objetivo semanal el conseguir X número de contratos, voy a luchar por ello y me voy a comprometer para conseguirlo.

7. Motivación: es el motor de nuestra vida, si no estamos motivados a hacer las cosas, no las haremos o las haremos de cualquier manera, así que hay que cambiar el chip y encontrar el(los) estímulo(s) adecuado(s).

8. Actitud positiva: básico, primordial.  No significa ignorar la realidad, si no ser consciente de la misma y encararla con ánimo y ganas.

9. Comunicación: si no sé expresar lo que quiero, siento o necesito, es imposible que los demás me comprendan.  Si en un trabajo no sé expresar opiniones, mejoras, etc, será muy complicado sentirme integrado/a y por ende, dar lo mejor de mí.

10. Adaptación: la vida no es una línea recta.  Cada persona tiene objetivos, deseos, que se pueden ir cumpliendo según lo planificado o no.  La capacidad de no sucumbir ante situaciones no deseadas y aprender a recolocarme es importantísima.

Imagino que si hacemos un ejercicio sincero de reflexión y nos ponemos en la piel de la persona que se dedica a la búsqueda de candidatos/as, llegaremos a comprender la importancia real de las competencias profesionales.  Y ¿a que a todos/as nos gustaría tener compañeros/as de trabajo así?  Hagamos el esfuerzo, pensemos y remarquemos aquellas cualidades que nos definen, y plasmémoslas en el curriculum, en las páginas de empleo que estemos apuntados/as, en la carta de presentación… en definitiva, pongámonos en valor y busquemos cómo sobresalir.   Si nosotros/as no nos vendemos, ¿quién lo va a hacer?

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